He olvidado su nombre,
pero recuerdo su risa,
su saliva
y el sabor de su vientre.
He olvidado su fecha de nacimiento,
pero recuerdo sus pies descalzos,
su mirada húmeda,
y el olor de sus cabellos enredados.
Me visita en las noches,
cuando la marea baja,
cuando la guardia duerme,
en los centros comerciales,
en los viejos gabinetes.
Olvidé nuestro primer beso,
pero recuerdo los brotes de hierba,
las recetas viejas,
las noches en vela.
Vuelve y se queda:
sus ojos de sirena,
sus suaves caderas—
sus dedos entre los míos—
Historia entreabierta.
Y ahí,
es donde más duele.