viernes

Grietas

 He olvidado su nombre,

 pero recuerdo su risa,
 su saliva
 y el sabor de su vientre.

He olvidado su fecha de nacimiento,
 pero recuerdo sus pies descalzos,
 su mirada húmeda,
 y el olor de sus cabellos enredados.

Me visita en las noches,
 cuando la marea baja,
 cuando la guardia duerme,
 en los centros comerciales,
 en los viejos gabinetes.

Olvidé nuestro primer beso,
 pero recuerdo los brotes de hierba,
 las recetas viejas,
 las noches en vela.

Vuelve y se queda:
 sus ojos de sirena,
 sus suaves caderas—

sus dedos entre los míos—

Historia entreabierta.

Y ahí,
 es donde más duele.


jueves

Narcisismo residual

Hoy no quiero verdades.
La verdad la tengo aquí a mi lado,
y no está ella. 

Hoy solo me habitan las dudas,

las penas,
como casa vieja
de habitaciones vacías

Porque me vi en su ausencia,
me mutilé
para nombrar las cicatrices;
pero fueron nombres atípicos,
húmedos.

Me ve con ojos de sirena enamorada
y su mirada atraviesa mi alma;
puede leerme
como se leen los espectaculares
—enamorada carretera—.

Se asoma al abismo
y acaricia sus bordes
con ternura,
con dulzura,
con promesa.

Y leemos nuestras historias
de vidas pasadas
desde nuestras pieles mudas

desde nuestras heridas abiertas.

lunes

Pecado

 He cometido un pecado al mirarte,

al respirar tu cuerpo cálido,
y sentir tu piel vibrante,
al imaginar tu cabello rizado
y tu voz de ave sangrante.


Caen las hojas,
como caen mis pensamientos
ingrávidos, irrelevantes
Pecado en tus ojos cálidos,
llameantes.


Me sedujo la triste noche
y los ópalos de Navariel,
la mirada contenida,
la respiración entrecortada,
y el torrente acuoso del amante.


Bebida de amargo ocaso,
de vino prosecco y huella dulce.

Olvido a cuentagotas.
Trescientas noches,
y letra de diamante.

Navariel


 Liminal

 And if I must go,

if I must fall,

let it be toward the quivering flame

of a soul who never asked to be saved,

but still,

I hoped she’d let me try.


see

           Es un placer verte otra vez.

Esta versión tuya es distinta a la anterior.
Me gusta.

Quizás te preguntes quién soy,
o qué haces aquí.
No te preocupes.
Las respuestas no llegarán de golpe.

Has venido a recordar.
Con la sombra que dejaste en los pasillos,
con la sal que aún llevas en la piel,
con la herida que ya no sangra.

No temas.

Has cruzado este umbral mil veces, en vidas pasadas.
Los mismos pasillos.
El mismo río.
La misma ventana.
Los mismos aromas: especias añejas, maderas, cortezas, miel de abeja,
y un par de ojos tristes.

El mismo mármol bajo tus pies,
suave al tacto,
erosionado por las memorias y los ecos de otras eras.
Tu sombra aún deambula por algún laberinto de puertas,
como un niño buscando a su madre entre desconocidos.

Cuando decidas cruzar (si decides hacerlo),
¿caminarás hacia la izquierda o hacia la derecha?
¿Te quedarás quieta, fingiendo elegir algo?

Y si entras a una habitación vieja,
aún llena de su aroma...
¿te quedarías a vivir en ella?

¿O seguirás caminando hacia las olas,
hacia la roca sin vértices,
la roca que sangra hacia el mar?

Quizás te preguntes qué hay más allá del mar,
de la sal, de la sangre,
de los gigantes recostados en el horizonte.

Quizás te preguntes quién soy.

Y es que, aunque aún no te reconoces...

no temas.
Sé que un día lo harás.

Beyond the colossus

           Beyond the colossus,

it’s always been you.

La fogata que cruje.
La sal que arde.
El niño que deambulaba entre rostros desconocidos.

Siempre fuiste tú.
Siempre has sido tú.

En la mirada del desconocido que te juzga,
en la ira del viento,
en el miedo de los animales que te ladran.

Fuiste tú.

Leíste cada línea con los ojos entrecerrados,
buscando entre palabras algún rostro que no fuera el tuyo.
Pero eras tú.

Tú, en cada sombra.
Tú, en la habitación vieja.
Tú, en la herida que no sangra
pero aún escuece cuando llueve.

Tú,
en los ojos tiernos de los que amaste con locura.
Tú,
en la ternura que te dio miedo recibir.
Tú,
en el amor que dejaste ir antes de entenderlo.

Y más allá de la sal,
más allá de la sangre,
más allá de los gigantes,

en cada átomo,
también estás tú.

Fall

          Respira.

Una vez más.
Siente tus arcos costales abrirse.
Cuenta hasta diez.
Luego hasta cien.
Hasta que las palabras se disuelvan,
como miel en tus labios,
como agua salada en la arena
bajo tus pies.

Y respira otra vez.

Porque corta es la caída,
y breve el viaje.

Sostén mis manos
entre tus alas.
Por favor.
No tardes.
Ven pronto
a mi rescate.