No volveré a mirar
tus ojeras crecer bajo la lluvia,
ni las hojas de octubre
morir en tus hombros delgados,
el gato negro
velar tras el vidrio
con plumas entre los dientes.
No volverás a ver
la geografía de mis manos
atravesar tu vientre,
ni el cuervo sumando piedras
en el hueco de mi boca.
Ya no veremos la nieve deshacerse
contra nuestra ventana.
Las garras
desangran el plumaje.
No rozaremos nuestras sienes
ni dormiremos bajo las negras alas.
En la ventana
solo queda el gatocuervo.
Se lame las alas.