He cometido un pecado al mirarte,
al respirar tu cuerpo cálido,y sentir tu piel vibrante,
al imaginar tu cabello rizado
y tu voz de ave sangrante.
Caen las hojas,
como caen mis pensamientos
ingrávidos, irrelevantes
Pecado en tus ojos cálidos,
llameantes.
Me sedujo la triste noche
y los ópalos de Navariel,
la mirada contenida,
la respiración entrecortada,
y el torrente acuoso del amante.
Bebida de amargo ocaso,
de vino prosecco y huella dulce.
Olvido a cuentagotas.
Trescientas noches,
y letra de diamante.
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