Para cuando vuelvas a mis letras, buscando mi voz entre tus memorias.
Siempre creí que el amor a primera vista era cosa de cuentos, hasta que unos ojos me devolvieron la mirada, como queriendo entenderme; hasta que escuché tu llanto y vi tu sonrisa sin dientes. En ese instante se hizo realidad mi más grande miedo: el tiempo.
Supe que tenía un número limitado de minutos a tu lado. Supe también que un día no estaría allí para ti, para tomar tu mano en una noche fría, o secar tus lágrimas cuando tu corazón se rompa.
Así que te tomé en mis brazos, y tu calor se sintió bien en mi piel… no sé si porque eras mía o porque yo era tuyo.
Sé que no puedo vivir por ti, ni tú a través de mí; que mis errores no son tuyos, aunque los lleves tatuados en la piel como herencia mía. Pero puedo escribirte, y confiar en que volverás a mis letras buscando respuestas —o más preguntas— como vuelven las aves en la primavera.
Y confío en que, cuando nos volvamos a ver, con distintas pieles, me reconocerás de inmediato. Reconocerás la mirada ancestral, el devenir del tiempo en mis ojos, el ciclo del río.
Mientras te escribo, imagino tu risa, cómplice y luminosa, real al final y el inicio de cada ciclo.
Hasta que la eternidad nos vuelva a unir
No hay comentarios:
Publicar un comentario