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viernes

Estadio dos

 

Tumor Benigno 


Arribo tarde y enmudecido 

A tus migrañas y sudor frío

Bajo el ardiente sol de medio día 

Reclino mi cuerpo sobre el tuyo

Cálido es el tenue sonido en tu pecho 

Mía, mía, mía es la agonía 

Mío es el insomnio y mías las horas perdidas 

 

Tumor enraizado, inextirpable y benigno 


Todas las palabras te pertenecen

Y yo nazco de entre todas las palabras

Profundo mar de versos

Costa de oleaje salvaje 

Habitas mi piel, y dejas pequeñas marcas rosáceas.

Ya todas las horas te pertenecen

Y yo pertenezco a tu cuerpo 

Naces de un mar de cactáceas 

De la espina que profundo se clava

de golpe despierto

Despierto y tu piel se ha ido.

Quizás, mañana vuelva a ser soñador

Y tú, vuelvas a ser mi sueño.

miércoles

Hastío apasionado

He pasado noches enteras despierto intentando arrancar de mis labios las palabras que con fuerza se aferran, inseguras, indefinidas, como ese ultimo destello de luz antes de que el día se marche. He intentado sin éxito, encontrar los adjetivos precisos que definan mis noches de insomnio, la acentuación adecuada que alcance a traducir los latidos de mi corazón, la manera de verter mis miradas en estos versos, y tus sonrisas en estas palabras. La nostalgia se aferra a esta alma como el oxido a las cuerdas de mi vieja guitarra, e intento rascar las ultimas notas de cordura que le quedan a esta historia, quizás, comience por describir  uno que otro de mis desordenes, de esos que me cazan sin tregua cada madrugada, de esos que traen de vuelta tu perfume y el eco de tus ultimas palabras. Después, tal vez te hable de uno en particular, uno que sobre todos los demás deliberadamente fabrica mi intranquilidad, solo podría definirle como una sed insaciable por conocer hasta los últimos rincones de cada
retorcida personalidad que se cruza por mis atardeceres, por recorrer cada centímetro de arriba a abajo hasta donde la tierra y el cielo se funden en uno solo y hacen pensar que todo es posible. Después, gustaría de platicar  de la saciedad que ralla en el hastío, una vez que he aprendido de memoria cada gesto, cada una de tus pequeñas manías, cada sonido que haces al caminar, cada sonrisa torcida cuando me das la razón inconforme, mientras juegas de forma irritante con tus dedos, como si jugaras con la luz de mis ojos, como si la realidad de mis sueños dependiera de ello, y de la suma de cada bendito mal habito que te convierte en ti. Y es así como llegaría al final de mis palabras, al aterrador borde de mis horas dedicadas a ti, a memorizar cada cicatriz y cada rincón de tus tristezas y alegrías, es así como terminarías con la fabricación de mi recurrente espacio infinito entre el conocimiento y la ignorancia de ti.