Mis atardeceres están famélicos de ti.
Tu aliento matutino
inunda mis patios.
Tu hueso me asfixia.
La madrugada suda,
rechina los dientes.
La respiración
se interrumpe en mi cuello.
Yo te quedo
y tú me quedas.
Nos quedamos dormidos,
casi muertos,
como animales extraños
en la misma grieta.
están famélicos de ti
de tu sal,
de tu tierra.
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