lunes

asfalto líquido

 Soy asfalto líquido

en el hueco de tu mano,
en la comisura de tus labios,
catedral olvidada,
campana muda.

Me arrodillo en tu tibio cuerpo,
sin altar, sin permiso,
como quien aprende a rezar
con los labios entreabiertos,
con la voz,
con la lengua,
con el cuerpo.

Un cristal invisible me detiene.
Tu piel enrojecida,
tu silencio,

Me diluyo.
Y el vidrio aparece.

En tus suaves muslos
muero de asfixia,
por exceso de ti,
de tu risa.

Muero de tus ojos limpios,
húmedos y huecos,

Voz entrecortada,
tu piel grita, pero no la escucho.

Y mi cuerpo se aferra,
pide capilla,
pide suelo,
pide una esquina
para sangrar
lejos del vidrio.

Disuelto,
muero en la orilla,
en tus fronteras,
en el filo de tu vidrio.

Sentencia divina,
que te sienta,
que te mire,

Y mis manos vacías.


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