Eres fruto del mar y ríes
por las calles vacías, entre los barcos,
el tiempo, el frío y las redes
pasan.
Eres marea huérfana
en buques y puertos,
bote encallado,
ultrajado.
Desnudo.
Se alejan las olas,
la espuma blanca
en los labios,
y se te queda la sal
en el cabello.
A ti vienen las gaviotas,
las aves de carroña,
comen tu carne,
tendones y huesos.
La orilla me llama,
lleva tu nombre,
puerto de mercurio.
Llevas la soga atada
al puerto de tu garganta.
Y yo escupo el agua salada
de los pulmones,
de los ojos.
Y el vacío me atrapa.
La 1:30.
Mi navío naufraga.
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